Ella sonríe y sus ojos le brillan, me gusta eso. Sus ojos cafés tienen otro color bajo la luz suave de la habitación. Se ve preciosa, como si esta madrugada no hubiera sentido dolor, como si no me hubiera mandado a la mierda con su voz cargada de enfado.
—Ven a la cama. —Le da golpecitos al lado derecho y no lo dudo ni un segundo, metiéndome entre las mantas. Declan y Chicago pueden esperar unas horas más.— Te ves terrible, necesitas descansar.
Me recuesto despacio para no despertar a Aiden y m