Han pasado unas semanas desde la última llamada con las típicas amenazas de muerte.
En silencio, Sol ha sido observada en la escuela para evitar cualquier situación inesperada.
—Señor, hemos llegado —dice el chofer.
Cierro la computadora.
Al lado del asiento están los chocolates que nunca le pueden faltar... y un ramo de flores.
Qué asco de hombre me he vuelto.
Pero juro por mi vida que si Sol me dejara, yo jamás volvería a comprar algo así.
Claro... suponiendo. Sol nunca podrá dejarme.
Si sabe