Lloro de impotencia en el juzgado. Molesta e irritada. Como dijo Dante, tuve que hacerme análisis de sangre para confirmar que Martín me había drogado.
Sus preguntas fueron crueles y duras. Tuve que desmentir cosas y hablar de lo que sucedió.
Ahora estoy en el coche con él. Lloro mientras le cuento todo lo que pasó. Él me observa en silencio, acariciándome la espalda mientras me desahogo.
El hipo me ataca. Me limpia la cara con una servilleta.
—No tienes por qué llorar. Yo estoy aquí —me dice c