Hijo legítimo .
Sol me despierta desesperada. Abro un ojo, me siento agotado, y vuelve a golpearme para que despierte.
Lo hago con pesadez, sentándome con las sábanas en la cintura.
—¿Q-qué sucede?—
Pero no aguanta y termina vomitando sobre la alfombra.
Le ayudo con el cabello. Me había olvidado de sus náuseas matutinas... y que seguía atada.
—¿Te sientes mejor? —le pregunto aún adormecido.
—¡Qué te importa! —me manotea para que la suelte y escupe, limpiándose la boca, mirándome de mala gana.
—Quítame esta mie