Saltamos al barranco y la oscuridad nos devoró. El impacto al aterrizar fue brutal. Rodé por una pendiente de tierra suelta y rocas afiladas que me desgarraron el pelaje y la piel, y terminé en un montón de maleza en el fondo. El aire, espeso y con olor a hojas podridas, llenó mis pulmones. Por un instante, el mundo fue un torbellino de dolor y desorientación. A mi lado, oí a Ashen aterrizar con un gruñido ahogado, el sonido de un cuerpo grande que choca contra un suelo implacable.
Arriba, en e