El símbolo desapareció de la piedra, pero el peso de su significado permaneció suspendido en el aire.
Durante varios segundos nadie habló.
Ni Ashen.
Ni Valren.
Ni yo.
El santuario de memoria parecía haber regresado a su estado habitual, pero todos sabíamos que algo irreversible acababa de ocurrir. Las líneas talladas en la losa central permanecían quietas, pero el eco del mensaje seguía vibrando bajo la tierra, viajando a través de las raíces profundas que conectaban los santuarios entre sí.
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