El viento se detuvo.
No de forma gradual, sino de golpe, como si algo invisible hubiera cerrado una puerta sobre el bosque. Las hojas que giraban dentro del círculo de piedra cayeron lentamente al suelo húmedo, y durante un instante el santuario quedó completamente inmóvil.
Ni los pájaros cantaban.
Ni el arroyo cercano murmuraba con la misma intensidad.
El territorio estaba escuchando.
Yo también.
Ashen se tensó apenas a mi lado, su postura inclinándose ligeramente hacia adelante como si prepar