La mañana siguiente amaneció nublada, con un aire denso que parecía arrastrar secretos entre sus ráfagas. El castillo se movía lento, como si la noche anterior hubiese dejado un eco difícil de ignorar. Lucía no había dormido.
¿Cómo hacerlo, después de lo ocurrido?
Eduardo en su ventana.
Su voz baja, cercana.
Sus ojos que parecían prometer algo que él mismo temía.
Y luego Alana tocando la puerta, casi descubriéndolo, mientras él se escondía entre las sombras como un ladrón de destinos.
Lucía lle