La cita fue en un restaurante discreto del centro. Alejandro había pedido la mesa más apartada, con la excusa de que quería revisar ciertos detalles del proyecto que ahora Raúl supervisaba directamente.
Cuando Clara entró, él se quedó sin habla. No era la mujer agotada y quebrada que recordaba del bufete, sino alguien distinto: su andar firme, la postura erguida, los rizos definidos enmarcando un rostro luminoso. No había rastro de abatimiento; lo que veía era determinación.
Siempre había s