Clara se miraba en el espejo del vestidor del hotel, ahora distinta. El cabello definido en rizos que caían con gracia, las uñas en un rojo encendido que hablaban de seguridad, el vestido negro que abrazaba su silueta con una elegancia sobria. Había pasado la mañana en un spa, liberando tensiones, y por primera vez en semanas se sentía ligera, como si la piel respirara un aire nuevo.
Sin embargo, el teléfono vibraba sobre la mesa. Un nuevo mensaje de Mateo.
"Clara, lo lamento. No busco excusa