El reflejo que Mateo encontró en el espejo del baño de la oficina lo golpeó con crudeza. Su barba, que en otras épocas le daba un aire atractivo y varonil, ahora se veía desigual, descuidada, casi sucia. Sus mejillas hundidas revelaban la pérdida de peso. Y bajo sus ojos se acumulaban ojeras de un color tan oscuro que oscilaban entre el azul y el morado.
No recordaba la última vez que había dormido más de dos horas seguidas. Cinco días habían pasado desde que Clara desapareció de su lado. Cin