El bufete bullía de murmullos que Clara no alcanzaba a apagar. Desde que salió la nota en el periódico, las miradas se habían vuelto cuchillos sutiles, cargados de curiosidad y sospecha. En los pasillos, las conversaciones se interrumpían cuando ella pasaba; en las salas de reunión, los halagos sonaban envenenados.
—Qué suerte trabajar tan de cerca con Alejandro —dijo una diseñadora al cruzarse con ella.
—Debe ser útil tener un inversionista tan… comprometido —añadió otra, con una sonrisa a