El olor a desinfectante impregnaba cada rincón del hospital. Clara caminaba por el pasillo con paso firme, aunque por dentro sentía un torbellino de emociones. Su brazo seguía vendado, todavía adolorido por el golpe en el terreno, pero eso no la detenía. Alejandro seguía hospitalizado después del accidente, y aunque no era su obligación, sentía el deber moral de comprobar cómo estaba.
Al llegar a la habitación, un par de periodistas merodeaban por el pasillo. Clara bajó la mirada y se apresuró