La oficina estaba en silencio, apenas interrumpido por el zumbido del aire acondicionado y el sonido seco de un lápiz contra el papel. Mateo inclinaba la cabeza sobre un plano estructural desplegado en la mesa, líneas que se cruzaban en ángulos precisos, cálculos anotados en columnas al margen, pero su mente no estaba allí del todo. Los números se desordenaban porque su corazón seguía atado a la habitación blanca del hospital, donde Clara trabajaba desde hacía ya una semana.
Intentaba concent