El reloj marcaba las once de la mañana y la sala de juntas principal mantenía ese aire solemne que solo las grandes reuniones sabían respirar. En la mesa central, los planos seguían desplegados como mapas de un territorio en disputa, y las pantallas proyectaban el nombre del siguiente grupo:
Raúl levantó la mano para pedir silencio.
—Bien, continuamos. Equipo 3, tienen la palabra.
Se pusieron de pie Adriana Torres, arquitecta senior de línea sobria, y Luis Armendáriz, ingeniero estructural c