Capítulo 240: El Despertar del Rey de Hierro
El estallido del cristal verde en el pecho del "falso" Valerius dejó un rastro de polvo esmeralda flotando en el aire pesado de la torre. Astraea, con el puñal-llave todavía incrustado en su palma sangrante, no podía apartar la vista de la mano que se aferraba al borde de la grieta del suelo. Era una mano real, curtida, con el anillo de los lobos brillando como una promesa de venganza. Mientras tanto, la mujer de la calavera —la que tenía sus propios