Capítulo 239: El Fragor del Cristal Roto
El estallido definitivo en el pecho de Valerius no fue ruidoso; fue una exhalación de luz verde que tiñó las paredes de la torre con el color de una agonía antigua. Astraea sintió el impacto en su propio plexo solar, una onda expansiva que olía a resina quemada y a la frialdad del vacío. El hombre del anillo, aquel que acariciaba su mejilla con dedos escamosos, no retrocedió. Al contrario, inhaló el polvo esmeralda como si fuera el oxígeno que le habían