Capítulo 200: El Contrato del Foso
El sótano de la Torre de la Sacerdotisa se sumió en un silencio de tumba, interrumpido únicamente por el goteo rítmico de la sangre de plata que escapaba del hombro de Astraea. La revelación de Amira, ahora con garras de sombra, y la visión de la armadura vacía portando la cabeza cercenada del único aliado de la corte, crearon un vacío de aire en los pulmones de la reina. Astraea sentía que el suelo de huesos triturados bajo sus rodillas era una boca abierta,