Capítulo 138: La Traición del Linaje
El aire en el Manantial se volvió denso, cargado con el olor a ozono y a flores de cementerio que brotaban de la estatua de Valerius. Astraea sintió un tirón gélido en la base de su columna. No era el frío de la cueva, sino la mandíbula de su propio hijo cerrándose sobre su sombra. La parálisis fue instantánea. Intentó mover sus pies de mármol, pero estaban anclados al suelo de amatista por filamentos de oscuridad que el niño tejía con una eficiencia aterrad