Capítulo 290: La Cerradura de Ébano
La voz de Vaelen, cargada de una urgencia ancestral, pareció congelar la sangre en las venas de Astraea. El suelo, ahora un hervidero de manos plateadas que buscaban su **linaje**, vibraba con una advertencia que chocaba frontalmente con su **instinto**. Mikhail, o la aberración en la que se había convertido, sostenía el frasco con su sangre como si fuera el corazón mismo del mundo.
—¿Lo oyes, Astraea? —rio Mikhail, y el sonido fue como el crujir de ramas sec