Capítulo 292: El Reflejo de la Bestia
La estancia de la torre se sentía como una trampa de terciopelo y piedra. Astraea respiraba con dificultad, el aroma a lavanda vieja de la habitación chocando con el **almizcle** salvaje que aún impregnaba su piel. El hombre frente a la ventana se movió con una gracia antinatural, una elegancia que Valerius jamás poseería. Tenía su mismo rostro rudo, sus mismos hombros anchos, pero sus ojos no eran de plata, sino de una **oscuridad** carmesí.
—¿Quién eres?