Capítulo 139: La Ofrenda de la Carne
El estruendo de los corazones infantiles latiendo al unísono en el túnel era una sinfonía macabra que erizaba la piel de Astraea. La revelación de Mikhail, reconstruido en un cristal pálido y translúcido, cayó sobre ella como un velo de plomo. La novela de su vida, que siempre había oscilado entre el deber y la pasión, se encontraba ahora en un punto de no retorno. No era una guerra tecnológica lo que presenciaba, sino una carnicería mística donde la pureza