El día cincuenta y ocho trajo consigo una calma engañosa. La nieve caía en copos pesados y silenciosos, cubriendo la Fortaleza de la Luna Plateada con un manto que ocultaba las manchas de sangre y el barro de los patios. Astraea se encontraba en el sótano de las cocinas, clasificando raíces de invierno. Sus manos, antes delicadas por los aceites de la capital, ahora estaban curtidas, pero su mente se sentía más afilada que el cuchillo de Valerius que mantenía oculto.
La conexión mental con el R