Capítulo 155: El Río de las Miradas
La parálisis que trepó por las piernas de Astraea no era solo física; era una invasión de la voluntad. Mientras la mancha circular de ébano se expandía sobre su vientre, ella podía sentir las venas de Selene como hilos de hielo que buscaban enraizarse en su útero, una profanación que silenciaba el sol de su médula. A su lado, Valerius se lanzó a sostenerla, pero al tocar el borde de la mancha negra, un latigazo de energía oscura lo repelió. El cauce del Río d