Capítulo 158: La Sangre de la Memoria
El dolor no fue una punzada, fue un incendio blanco que se expandió desde su hombro hasta la punta de sus dedos. Astraea sintió el acero de la espada de luz de Vaelen atravesando su carne con una facilidad aterradora. El joven Rey Vampiro, con el rostro libre de las cicatrices del tiempo pero cargado de una furia ciega, mantenía la empuñadura con una fuerza que hacía crujir los huesos de Astraea. Ella cayó de rodillas sobre las losas frías, justo al lado de