El día cincuenta y nueve se manifestó como una costra de hielo sobre los campos de entrenamiento. El ambiente en la manada era de una expectación contenida; el regreso de la "paria" no había sido el acto de humillación absoluta que los gemelos esperaban. Astraea se movía por la fortaleza como un fantasma de plata, silenciosa, eficiente y, lo más irritante para ellos, imperturbable.
Kaelen observaba desde el balcón del segundo piso cómo Astraea cargaba cubos de agua desde el pozo congelado hacia