Capítulo 159: El Asedio del Mañana
El rugido de la flota descendiendo desde los cielos del pasado eclipsó el llanto del recién nacido. Astraea, con el hombro aún ardiendo por la herida de la espada de luz, observó cómo el techo de la cámara real se resquebrajaba, dejando entrar jirones de un cielo metalizado que no pertenecía a esa época. Los barcos de plata no flotaban; se anclaban en la realidad misma, desafiando la gravedad con una tecnología de runas que Astraea solo había visto en los plan