Capítulo 157: El Llanto del Ayer
El estruendo del cristal rompiéndose fue lo último que Astraea escuchó antes de que la realidad se plegara sobre sí misma. Cuando sus ojos se abrieron, el gélido viento del Río de Plata había desaparecido, reemplazado por un aire denso, cargado de un calor sofocante y el aroma dulzón de la cera de abeja quemada mezclado con el olor metálico de la sangre de parto. No estaba en la frontera; estaba en una habitación circular, cuyas paredes de piedra blanca sudaban