El carruaje avanzaba ahora por las Tierras Bajas, una región donde el suelo siempre estaba cubierto por una fina capa de escarcha y los árboles eran esqueletos de plata. El aire era tan frío que los caballos de la Guardia de Élite soltaban nubes de vapor denso por los ollares.
Astraea estaba sentada frente a Valerius dentro del carruaje. El Rey había decidido viajar con ella este tramo, dejando el mando exterior a Mikhail. El espacio era pequeño, cargado con el aroma de ambos: el almizcle de él