Capitulo 13

La nieve comenzó a caer con una furia renovada, transformando el bosque en un sudario blanco donde las distancias se volvían engañosas. Astraea caminaba con paso firme, ignorando el ardor en sus pulmones y el frío que amenazaba con dormir sus dedos. A su espalda, el crujido constante de las ramas le recordaba que las sombras tenían colmillos.

Kaelen y Killian no la atacaban de nuevo. Se mantenían a los lados, apareciendo y desapareciendo entre los árboles como fantasmas de pelaje pardo. A veces, uno de ellos pasaba tan cerca que su pelaje rozaba la túnica de Astraea, un recordatorio silencioso de lo fácil que sería para ellos terminar con su vida.

—Sé que están ahí —dijo Astraea en voz alta, su aliento formando una nube blanca—. No voy a correr. Si quieren matarme, háganlo aquí. Pero no me verán suplicar de nuevo.

Un gruñido bajo fue la única respuesta.

A medida que se acercaba al barranco que precedía la frontera, Astraea sintió una extraña presión en sus sienes. No era dolor, sino u
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