Clara se despidió de Ana con un fuerte abrazo.
—Prometo venir mañana —dijo con una sonrisa—. No te vayas a encerrar tanto, ¿sí?
—Lo intentaré —respondió Ana entre risas, acompañándola hasta la puerta.
Cuando la vio alejarse por el pasillo, cerró la puerta con suavidad. La casa estaba tranquila, apenas se escuchaba el ruido lejano de la cocina. Volvió a terminar su desayuno, tomó un último sorbo de jugo y suspiró. Se sentía extrañamente ligera… como si el peso del miedo hubiera comenzado a disol