Los días siguientes pasaron con la calma que Ana tanto había deseado durante años. Poco a poco, su cuerpo y su mente comenzaron a sanar. Las heridas más profundas ya no dolían tanto, y el miedo que la había acompañado por tanto tiempo empezaba a desvanecerse.
El juicio de Martín fue una prueba difícil, pero necesaria. Tuvo que presentarse ante el tribunal, recordar momentos que había querido olvidar, y enfrentarse cara a cara con quien tanto daño le hizo. Sin embargo, esta vez no tembló. No est