Cuatro meses habían pasado desde aquél día en que todo cambió.
El tiempo, que antes corría ligero entre risas y planes, ahora parecía avanzar con el peso de una espera interminable. Leonardo seguía en prisión, condenado a cinco años por evasión fiscal y por el accidente de Isabella, quien se había presentado ante el tribunal como una víctima frágil, reforzando la versión que lo señalaba a él como responsable.
Ana había asistido a cada audiencia, con el corazón apretado, intentando demostrar que