El timbre del despertador sonó a las siete en punto, rompiendo el silencio que se había instalado desde la madrugada.
Ana abrió los ojos con pesadez. Apenas había dormido unas horas después de aquel mensaje. El miedo seguía ahí, escondido debajo de la piel.
Se sentó en la cama, miró el celular y vio la pantalla en blanco, sin nuevas notificaciones. Un respiro leve, pero no alivio.
En la habitación contigua, se escuchaba a Clara tararear bajito mientras preparaba café.
Ana fue al baño, necesitab