El auto se detuvo frente a la comisaría. Leonardo salió primero y abrió la puerta del copiloto para Ana. Ella bajó sin mirarlo, aún tensa, con la mente nublada por la imagen de Martín entrando al edificio la noche anterior.
—¿Estás bien? —preguntó él, observando cómo sus manos temblaban apenas.
—Sí… solo quiero que esto se acabe.
Leonardo asintió y le hizo un gesto a Clara para que lo siguiera. Entraron juntos. El edificio olía a café viejo y papel húmedo. Un par de policías conversaban junto a