Ana entró al apartamento cerrando la puerta con un suspiro largo. La emoción aún le recorría el cuerpo después de todo lo vivido en la empresa y, sobre todo, por aquel extraño encuentro que no se le borraba de la mente.
Clara estaba sentada en el sofá, con las piernas cruzadas y un libro abierto entre sus manos. Al verla entrar, levantó la vista y notó la sonrisa que Ana intentaba contener.
—¿Y a ti qué te pasa? —preguntó con tono juguetón, arqueando una ceja.
—Nada… —respondió Ana, aunque sus