—A una que seguramente tú ni conoces querida amiga. Dijo Clara con un tono de picardía
Al llegar la noche Clara entró como un torbellino al cuarto de Ana. La encontró frente al espejo, recogiendo su cabello con una liga para dejarlo en una coleta sencilla.
—No, no, no, no —dijo Clara, arrebatándole la liga de las manos—. Hoy no te vas a recoger el cabello como si fueras a ir al instituto. Esta noche celebramos recuérdalo.
Ana la miró con el ceño fruncido.
—Clara, de verdad, yo no soy de