La mañana transcurrió sin incidentes hasta las once.
Después de las once la cosa cambió.
Estaba en el estudio del ala norte, que había empezado a usar como espacio de trabajo porque tenía la mesa más grande y las ventanas más altas y nadie pasaba por ese corredor antes del mediodía.
Estaba revisando los papeles del testamento, buscando el lenguaje exacto de la cláusula de permanencia que el notario Bermeo había redactado con una vaguedad que yo empezaba a sospechar que no era casual, cuando esc