Lo había postergado cuatro días.
El diario estaba en el cajón izquierdo de la mesa, debajo del sobre de los recortes de Zuri. Cada mañana abría el cajón, lo veía, lo cerraba.
No era miedo exactamente. Era ese cálculo específico de cuando sabes que algo va a cambiar lo que entiendes de una situación y todavía no has decidido si quieres que cambie.
Esa mañana lo abrí.
Los primeros treinta folios eran técnicos: inventarios de la propiedad, fechas de reparaciones, notas sobre los sistemas de agua d