La carta de Ezequiel entró al expediente a las diez de la mañana.
El original. No una copia. El papel con la tinta de treinta años atrás, con la letra de mi padre que yo había aprendido a reconocer en el diario y que aquí tenía el trazo específico de alguien que escribe bajo presión pero escribe despacio de todas formas porque necesita que cada palabra sea exacta.
Sael la había encontrado en el archivo del ala oeste tres semanas atrás — en el fondo de una caja de correspondencia de la hacienda