(Crisanto Aldave — Cuarta jornada del juicio)
Doscientos veinte años le habían enseñado a Crisanto una sola cosa con certeza absoluta: que los sistemas no fallan. Los individuos dentro de los sistemas, sí.
Pero el sistema en sí —la estructura de la ley, el precedente, la autoridad institucional del Consejo— era más confiable que cualquier persona.
Era el principio sobre el que había construido todo.
Lo que estaba en la sala, del lado opuesto de la mesa, no encajaba con ese principio.
Llevaba cu