VARKOV
Estoy solo, pero no tranquilo. Boris, mi Skolvar, mi brazo derecho, me ha traicionado con su corazón, y eso es más peligroso que cualquier arma.
Nikita Petrova, la Zmeyka que creímos muerta, está viva, en las garras de Lev Zaitsev, y Boris, ese maldito enamorado, no puede soltarla.
Su amor, que una vez lo hacía imparable, ahora es una grieta en la armadura de la Krovsk Volya. Y yo, Dmitri Varkov, el Vodir, no permito grietas.
Tomo el teléfono, mis dedos marcando el número de María. La nu