La hora exacta marcaba las 03:00 cuando Vozdukh llegó a la entrada lateral del hospital. Iba vestido con una bata blanca, el rostro cubierto con mascarilla y una gorra médica. En los bolsillos llevaba guantes, bisturí, y un arma oculta en la parte interna del uniforme. Rozanov lo esperaba, nervioso, con el pase falso en la mano.
—No hay cámaras en este pasillo, pero sí en la entrada a la sala. Camina detrás de mí, sin hablar. No mires a nadie. No toques nada.
Vozdukh no respondió. Solo asintió.