Samantha se revolcaba en el agua, chapoteando con movimientos exagerados, fingiendo que se ahogaba.
Su rostro, cuidadosamente maquillado horas antes, ahora estaba empapado y corrido, mientras sus gritos rasgaban el aire nocturno.
—¡Ayuda! ¡No puedo… no puedo respirar!
Un murmullo de desconcierto recorrió a los invitados.
Federico no tardó en llegar corriendo, con el corazón latiendo como un tambor.
Se arrodilló en la orilla justo cuando Samantha, convenientemente cerca del borde, extendió sus br