—¡Ellyn, no bromees así! —estalló Federico, con la voz cargada de tensión y los puños apretados.
Ellyn apenas arqueó una ceja, como si su provocación hubiera sido deliberada. Pero antes de que pudiera responder, la voz temblorosa del abuelo los interrumpió.
—Vamos, por favor... no discutan —suplicó el anciano con una mirada preocupada, como si adivinara que algo mucho más profundo que un simple intercambio de palabras estaba a punto de explotar entre ellos.
Ante su ruego, todos guardaron silenci