La despedida fue cálida, conmovedora.
Bruno y Asha abrazaron a sus padres con fuerza, con esa ternura que solo nace cuando se está a punto de iniciar una nueva vida.
Los ojos de sus madres estaban vidriosos, y los padres los miraban con orgullo. Fue un momento breve pero eterno. Después, tomados de la mano, partieron.
Subieron al auto. Bruno conducía, pero no dejaba de mirarla de reojo, como si aún no pudiera creer que Asha era su esposa. Ella sonreía, acariciando distraídamente su anillo mientr