Los pasos resonaron como martillazos sobre el concreto, uno tras otro, cada vez más cercanos. Thomas y Daniella contuvieron el aliento. El corazón les latía con tanta fuerza que temían que se oyera. El eco rebotaba en las paredes húmedas de aquella habitación oscura, tétrica, como salida de una pesadilla.
Y entonces apareció Elen.
Sus tacones retumbaron con firmeza cuando cruzó el umbral. Se detuvo frente a ellos con una mirada cargada de rencor. Su voz, cuando habló, sonó como un silbido veneno