Ellyn y Sebastián regresaron al hotel en completo silencio.
El camino de vuelta había sido un reflejo del torbellino emocional que ambos llevaban dentro, aunque ninguno se atrevía a decir una palabra.
Al llegar al vestíbulo, él la tomó suavemente del brazo, deteniéndola justo antes de que subiera las escaleras.
—Ellyn… —dijo en voz baja, con una mirada que buscaba más allá de su fachada imperturbable—. ¿Estás bien?
Ella asintió, pero fue un gesto mecánico, casi vacío. Sebastián no se lo creyó, p