Ella lo miró. Y no dijo nada.
Leonard retrocedió un paso, con una media sonrisa amarga.
—Nos vemos en la oficina, directora creativa —dijo antes de salir.
…
El sonido de la puerta cerrándose resonó en la soledad de su enorme pent-house. Leonard no encendió las luces. La oscuridad le sentaba mejor.
Su abrigo cayó al suelo, arrastrando consigo el perfume de Abril que aún llevaba en el cuello. Subió las escaleras como un fantasma, sin tocar los pasamanos, sin mirar atrás.
No fue a su habitación. Fu