Abril no se movió.
Los modelos aún observaban, entre fascinados y asustados, sin atreverse a respirar. Matteo apareció desde la esquina, pálido como un fantasma.
—¿Qué demonios fue eso? —le susurró a Abril mientras ella se soltaba de Leonard, aun temblando.
—Una declaración de guerra —escupió ella, limpiándose la boca con el dorso de la mano.
Leonard ya había desaparecido, como una tormenta que arrasa sin quedarse a mirar los escombros.
Matteo la siguió hasta la salida de la agencia.
—No puedes